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lunes, 31 de diciembre de 2012

2012, pero no el fin del mundo

Leí a Carlos Fuentes, a Faulkner, a Martín Gaite. Leí a Blanca Andreu y quise vivir en un chagall. Descubrí, como el mayor tesoro, a Juan Carlos Mestre. Releí a Gabo y a Borges, a Sylvia Plath, a Saramago porque... ¿qué es leer sino releer?

Llegaron a mí poetas como Luisa Castro, Julia Uceda, Paca Aguirre o Ángela Figuera Aymerich y su belleza cruel. Las llamé mujeres y las llamé peligrosas porque así son las mujeres que saben y escriben pero, sobre todo, así son las mujeres que caen en el olvido. 

Descubrí propuestas como la de Raúl Zurita que hicieron que la poesía tuviera sentido entre tanta farándula y tanto star system. Conocí a poetas jóvenes; critiqué a algunos, pero insistí en el  el futuro que tienen las voces de otros por delante.

Murió Szymborska, de quien nadie se acuerda en los resúmenes de año. Murió Lèdo Ivo, de quien tampoco. Murió Tabucchi y yo leí Sostiene Pereira, una novela imprescindible. 


Vi tocar el piano a Michael Nyman y lloré al recordar a slow walkers que ya no están. Si tenía conciencia, cada vez se hizo más necesaria, porque como decía Cortázar la cara verdadera de los ángeles es el zapato entre la mierda.Viajé y hablé de los sueños desde Calton Hill y soñé con una casa en Dean Village donde escribir muchos poemas, porque la poesía es un instante que recuerda y este año (si aún no lo había hecho ya) comprendí que lo que queda en la memoria es inescrutable. 

Iba a acabarse el mundo, pero no. Así que les deseo un hermoso 2013, aunque a muchos lo de medir la vida en años no nos convenza demasiado.



viernes, 19 de agosto de 2011

A setenta y cinco años de que te fueras...

Gracias, Federico García Lorca. Gracias porque, pasen los años que pasen de tu muerte, sigamos teniendo viva tu palabra. Porque más que poesía eres realidad y herida, pero también belleza y luz. Leyéndote no solo podemos sentir cómo la herida sangra, conocer esta realidad llena de dolor, como estuvo no hace mucho tiempo; sino que también podemos ver la belleza a pesar de la fealdad de los días, la consciencia de que el amor o la amistad puedan hacer que esta vida también albergue una gran cantidad de luz en su oscuridad.


No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

domingo, 17 de julio de 2011

Recordar, esa ardua tarea

Hace setenta y cinco años del día en que se rasgó a España por la mitad hiriéndola de muerte, aunque probablemente para cada persona hubo un comienzo distinto. A lo mejor para aquel hombre el principio de la guerra se produjo cuando vio cómo se llevaban a su padre, o para las niñas que jugaban tranquilamente en un prado cuando estalló una bomba justo delante suya, o para el agricultor cuando tuvo que cambiar el garabato por la metralleta. En España hubo en realidad muchas Guerras Civiles y todas muy distintas. Cada historia es una diferente y por desgracia, se conocen todavía muy pocas.

Falta testimonio oral, es necesario encontrar cada lágrima que se lloró por culpa de lo que pasó entre 1936 y 1939 en España. El pasado no debe olvidarse para que no se repita. La memoria es hoy y ha de ser reconstruida por el pasado y para el futuro, pero sobre todo para este tiempo en que vivimos. La memoria ha de ser siempre nuestra contemporánea. Recordar, paradójicamente, requiere un ingente esfuerzo presente.

Ahora España parece haber olvidado que ha sangrado y que parte de esa sangre aún se derrama a veces de las heridas de la Guerra Civil. Hay cicatrices que perduran para siempre pero ¿se acordará alguien dentro de unos cuantos años de lo que fue la Guerra Civil? Tal vez pocos, tal vez nadie. Por eso, para que nunca más ni en España ni en otro lugar las estrellas decidan correr tan rápido por el cielo como lo hicieron aquel dieciocho de julio y en los años que le siguieron, retengamos la memoria: no olvidemos el pasado para poder construir un futuro mejor.

jueves, 14 de abril de 2011

80 años

Hace hoy ochenta años nacía una niña bonita. Una niña bonita que con una varita mágica consiguió, en la medida que pudo, hacer que un país completamente destartalado por una dictadura (y una dictablanda) se abriera a un régimen de libertades como el que nunca había existido. Fue la primera (y última) vez que España estuvo entre los más innovadores. Una España que otorgó el voto a la mujer cuando pocos países lo habían hecho, que solucionó el analfabetismo de la población creando escuelas y, lo que es más importante, llevando el teatro y las artes a los pueblos más pequeños.

Hoy que la mayoría de los niños y no tan niños parecen ya no acordarse de lo que ocurrió. Más triste aún es que muchos ni siquiera sepan lo que pasó después: cómo una guerra civil mató a esa sociedad que tan difícil había sido sacar adelante, cómo hizo que España fuese un país enfermo de ignorancia, de la que aún sigue convaleciente.

A los que no vimos a esa niña bonita nos queda la idea de que una vez, España fue menos inculta, más igualitaria y, en definitiva, más libre.