Instagram
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de una lectora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de una lectora. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de febrero de 2015

Diario de una lectora (XX): Aurora Luque, Personal & político

(Sobre: Aurora Luque, Personal & Político, Sevilla, Fundación José Manuel Lara. Vandalia, 2015). 





La situación de Aurora Luque en el panorama de la poesía contemporánea es difícil. Difícil, en primer lugar, por una imposible adscripción a la tendencia dominante de los años pasados, la poesía de la experiencia, cuyos bordes pudo haber alcanzado en algún momento. En segundo lugar, por su condición de mujer. La única generación que parece haber formado es "la generación del mito" junto con Juan Antonio González Iglesias. 

Su último libro acaba de salir, y parece quedarse más al margen de la tendencia dominante (tan machista) para emparentar con otras poetas como Chantall Maillard. Desde el título, que se acoge a la máxima feminista "Lo personal es lo político", Aurora Luque no solo toma por bandera discursos de la politización del cuerpo típicamente feministas, sino que hace una reivindicación de la escritura hecha por mujeres, y los poemas se vuelven más reflexivos y largos. Este libro es el que definitivamente le desvincula de aquella tendencia ya (casi) pasada de moda. 

Por otro lado, al margen de la caracterización en un grupo literario, y fijándose en su obra anterior, sin separarse de Epicuro y del mito, tiene mucha importancia la publicidad y las series. De hecho, me ha gustado, de hecho, ver deambular a Don Draper y a Heisenberg por sus páginas.


En definitiva, que la tendencia coolturalista no deja de darnos buenos momentos.

***


Comparto uno de los poemas del libro, "Alsinas":




Amo estos autobuses, las alsinas. Alsinas Graells Sur.
Mis amigos poemas, que adoran mucho el tren
aunque viajan en coche casi siempre,
consideran exótica mi opción.
No las estimo porque
ya circularan en mi infancia. Amo el tiempo que en ellas
me espera por perder. Me gusta la pobreza
de su palco elevado,
las cortinillas rígidas de sol, la perspectiva dada
por las curvas enésimas. Me gusta mi abandono.
Incluso amo su olor. Huelen como debió de oler, supongo,
la humildad obligada de los exploradores,
huelen como el fular
del penúltimo hippy de este mundo,
huelen a japonesas estudiantes,
a pulcros pensionistas muy enjutos.
Recuerdo que unos chicos de Marruecos
se descalzaron --venían muy cansados--
en una contorsión de baobabs
y una joven de piel de chocolate,
con medias de panal, merendó un huevo duro
a lo Robert de Niro, diablesca,
y colocó en la rejilla del asiento
con mucha parsimonia
su craquelada cáscara.
Se adentran como rojas lombrices pertinaces
en las profundas plazas de los pueblos,
bordean cien barrancos, bordean deslumbrantes
marejadas de plástico tensado,
la línea de las playas para pobres,
almendrales, pinares, viñas nuevas,
cortijadas ariscas, ramblas desoladoras,
desiertos sin glamour goytisoliano
y aldeas no encontrables
por ningún talentoso anglosajón.
Con su mucosidad de gasolinas
va tosiendo el motor. Esta nave nodriza
tan bronca y nauseabunda
nos acaba acunando como a enormes bebés.
Nuestro viaje contiene cáscaras de aventura,
nanas para mayores, semisueños no escritos,
fábulas de segunda.
                    Por eso amo estos rojos
autobuses, las alsinas del sur.
Viajan los argonautas (sus bisnietos)
de incógnito en sus rutas, y el camino parece
todavía un camino. 





Y, así, me preparo para otro viaje, aunque a mí no me gusten tanto como a Aurora Luque las Alsinas, y tenga que ser en tren. 

domingo, 25 de enero de 2015

Diario de una lectora (XIX): La infancia en algunos poemas de Leopoldo María Panero

A partir de: Lepoldo María Panero, Un agujero llamado Nevermore (Selección poética, 1968-1999) (ed. Jenaro Talens), Madrid, Cátedra, 2014 (tercera edición). Una entrada más larga de lo normal para compensar casi un mes de ausencia en el desván. 






Estos días me ha acompañado Un agujero llamado Nevermore de Leopoldo  María Panero. Se trata de una antología realizada por Jenaro Talens para la colección Letras Hispánicas de Cátedra. Incluir en esta colección tan canónica y tradicional a un poeta mitad inclasificable, mitad sobrellevado por los clichés, las etiquetas, y las lecturas marcadas, no podía causarme más que curiosidad. Definitivamente, con el rigor y el cuidado editorial que caracteriza a la colección, el libro aproxima a la auténtica palabra de un gran poeta.  

El prólogo que realiza Jenaro Talens para la misma indaga en el canon y en la posición de un escritor en la historia literaria. Sus planteamientos son en parte nuevos en la consideración de Leopoldo María Panero. Entre otras consideraciones, observa la falta de perspectiva histórica que acompaña a ciertas antologías canónicas, la noción de grupo generacional en el contexto de la Generación del 70, el significado de "metapoesía" en su seno, etc. De esta manera da una verdadera puesta en contexto de la obra del poeta que le ocupa.

En el contexto del culturalismo y las citas, Talens señala que: "El referente de lo literario no aparece en este libro como sustitución de la vida sino como explicitación del imaginario cultural desde el cual la pensamos, valoramos y analizamos" (p. 47). Además con lucidez precisa que su poesía tiene "conciencia del horror que sostiene su inutilidad", lo que llevaría a leer la poesía de Leopoldo María Panero como realista. Ahora bien, en el prólogo no se olvida lo que ha sido repetido hasta la saciedad: en Leopoldo María Panero el texto no está al margen de la propia vida, sino pasada por su filtro. Jenaro Talens señala que "Hay, evidentemente, una experiencia desde la que hablar, pero nunca esa experiencia es otra cosa que motor para una reflexión que excede los límites estrechos de su anécdota" (p. 45). De este modo, considera innecesario el personaje público de Leopoldo María Panero para analizar su escritura. Talens prefiere entonces observar la reivindicación de lo "a-poético", la utilización de citas (a veces falsas) en un entorno discursivo propio e inédito en nuestra poesía, y un gusto por la contradicción que mueve a su palabra.

Sería muy difícil dar una opinión global de la poesía de Leopoldo María Panero desde esta antología, que consigue reunir gran parte de las facetas de un escritor único. Por eso, me centraré en un aspecto, el que más me interesa de su poesía: la utilización de la infancia como objeto poético, los recursos que la acompañan en el poema en pos de una visión degenerada de la misma.



***




Leopoldo María Panero desarrolla una poesía en la que los héroes han muerto. La propia vida hace de línea que hay que seguir, y sobre ella se construye mitificación del yo. Sobre ella, y sobre la infancia. Los que hayan visto El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) sabrán de la visión precisamente desencantada que Leopoldo María Panero tiene de todo, aun más que sus hermanos. La suya es una lucidez que lo corroe todo, que lo desbanca todo. En ese mismo documental Leopoldo María Panero dice que "en la infancia vivimos y después sobrevivimos", y después afirma que "el colegio es una institución penal que obliga a olvidar la infancia". El pensamiento del poeta es nietzscheano, la infancia aparece como un valor degenerado por la sociedad contemporánea. Si el filósofo alemán pretendía frustradamente que la seriedad con que el niño juega se mantuviera en los adultos, Leopoldo María Panero ha perdido cualquier esperanza de salvación de la infancia en un mundo cruel.

En este sentido me gustaría pensar en tres poemas que se recogen en esta antología : "Elegía" (Así se fundó Carnaby Street, 1970), "Blancanieves se despide de los siete enanitos" (Tarzán traicionado, 1967), y "20.000 leguas de viaje submarino". En "Elegía" lo que comienza por una mirada nostálgica a la infancia: "Los oso de trapo. Los caza-mariposas. Los erizos en cajas de zapatos. Los amigos invitados a comer por primera vez...", termina deconstruyéndose en la última parte del poema: "Destrucción. La emboscada, los disparos, la sangre. Los cuervos heridos bañados por la luz de los relámpagos. La noche sin fin". Es una mirada negativa sobre la infancia, una mirada que oscurece todos los elementos que la caracterizan, que nos transmite su horror desde el ritmo en staccato del poema.

En "Blancanieves se despide de los siete enanitos" se parte de un referente de la cultura popular que ya remite a la infancia ("Blancanieves"). En este caso, el comienzo ("Prometo escribiros")  vuelve a ser un resquicio de esperanza, a partir del cual se frustrará todo. Después vendrá la visión triste sobre casa del bosque, el olor a cerrado. Hay un efecto de flashback en: "Nunca os olvidaré". El momento en el que se sitúa la voz poética es en realidad el instante en que: "uno tras otro los árboles se derrumban". A partir de él las palabras se vuelven al pasado y al futuro en un efecto muy logrado. La sentencia final es definitivamente abrumadora y desencantada: "Está en venta el jardín de los cerezos".

Mención aparte merece "20.000 leguas de viaje submarino", uno de los poemas más conmovedores del poeta. La infancia no está aquí tratada de una manera explícita, sino que se denota la adolescencia en la lectura de Julio Verne, y en la referencia a la aventura. Es un poema sobre el deseo de vivir, un deseo de vivir en el la lectura y en las aventuras que narran los libros de la adolescencia. Frente a la vida real, siempre más oscura, aburrida, y frustrada, una adolescencia en "20.000 leguas de viaje submarino, que nos permita, cuando cese," cerrar por fin los ojos cuando la mariposa/ próxima a caer sobre la tierra sorda/ quiere en vano volver sus alas hacia lo verde que ahora la desconoce".



Probablemente la poesía de Leopoldo María Panero tiene todo lo que acaso le pedimos algunos poseedores del desencanto a la poesía: cambiar por un momento la realidad conocida, extender lo cotidiano, mirar de otra manera, decir la verdad en su peligro y en la necesidad de hacerlo. Imaginar en la palabra otra vida. 

martes, 30 de diciembre de 2014

Diario de una lectora (XVIII): (de una lectora de periódicos) Reivindicarse, aunque con cansancio

El sábado en Babelia Manuel Rodríguez Rivero comenzaba su artículo "Listas: las cuentas de la vieja" diciendo: "Algo va mal, me dije. La incómoda sensación se me desencadenó leyendo la lista de los 'mejores libros' del año confeccionada por Babelia a partir de las votaciones de los críticos". La "incómoda sensación" es comprobar que en la lista solo figura, en el número 6, una obra escrita por una mujer; Hasta aquí (Bartleby) de Wislawa Szymborska.

Rodríguez Rivero señalaba que, al ampliar la lista a los veinte primeros, aparecen dos autoras: Jorie Graham e Inger Christensen. Además precisa algunas otras cosas:


  • De los 410 títulos seleccionados por los críticos solo 68 están escritos por mujeres
  • De 41 críticos 10 no selecciona ninguno esrito por una mujer
  • Fueron 34 críticos y 7 críticas las que hicieron la valoración
  • De las siete mujeres, dos no incluyeron ningún libro escrito por una mujer. 
  • Solo hubo una mujer que incluyó cinco (la mitad). 
  • Ninguna obra escrita por una mujer ha obtenido el título de "libro del año" en anteriores ediciones. 

El autor del artículo abre debate y lo considera "sospechoso". Aun partiendo de que toda lista, y más encargada al periódico más leído en nuestro país, tendrá connotaciones de carácter editorial y de mercado cultural, hay que considerar que no por ello deja de ser necesario volver a la cuestión. Si se lee el artículo en línea, algunos se inclinan, por ese motivo, por dejarlo pasar. Otros, son abiertamente machistas: "Sugiero al articulista que compare el número de autores masculinos que quedan fuera de la lista. Compárelo con el número de autoras que quedan fuera. Luego, hablamos."; "¿Y porque ser mujer hay que votarla?...se vota positivamente si el libro es bueno, y eso es un bien escaso, sea mujer u hombre. Tonterías las justas"; "Una pregunta tonta, señor Rodríguez Rivero: ¿se trataba de elegir los libros que cada crítico considerase los mejores editados en 2014, o de hacer una lista de libros teniendo en cuanta la llamada discriminación positiva?"

No creo que un libro como Mi patria A4 de Ana Blandiana, traducido en PreTextos este año, haya que incluirlo por discriminación positiva. y esto es tan solo por poner un ejemplo. No he leído todos los que se han publidado, ni mucho menos todos los que han publicado las mujeres, pero este es un caso enigmático, un libro que brilla por el valor que esta traducción tiene para conocer a una poeta que no alcanzaríamos si no fuera por ella. Tampoco puedo evitar que se me pase por la cabeza que tal vez si la brillante  Szymborska no hubiera muerto, probablemente tampoco apareciese en la lista.

Hace unos meses Carmen G. de la Cueva me pidió para el espacio La tribu de Frida unas reflexiones sobre feminismo, en ellas convengo que lo más importante es el alcance de que el espacio público sea mixto, y no limitarse a una especie de "hermandad femenina". Pienso, positivamente, que este artículo lo ha escrito un hombre.

Por otra parte, este año ha sido el año del documental Se dice poeta, de Sofía Castañón, que tuve la suerte de ver en la programación del ciclo de documentales Crea.doc de la Cátedra Leonard Cohen. En él se rastrea con minucia el problema del género en unas cuantas poetas españolas. Se rastrea porque se indaga, se razona, y se aporta una mirada lúcida a una situación en conflicto. 



El artículo de Rodríguez Rivero se limita a hacer constar una situación que se da año tras año, y que es una de las razones por las que ha surgido un documental como el de Sofía Castañón. Las listas ya las vamos oliendo de lejos. Además no se discrimina solo a las mujeres, sino también a otros hombres en favor de los que se ajustan más al modelo crítico del establishment literario de nuestro país. Nunca está de mal pararse a ver cómo están las cosas, si acaso, aunque tarde, queremos cambiarlas.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Diario de una lectora (XVII): Lucidez en la desesperación


 (Francesca Woodman) 


En las últimas semanas dos elegías se han cruzado en mi escritorio: Elegy (Graywolf Press, 2007, trad. Jaime Priede para Bartleby, 2010) de Mary Jo Bang y Cuaderno de Edimburgo (Amargord, 2012) de Valerie Mejer. Son dos formas de contar dos muertes distintas, en dos lenguas distintas. Ambas confluyen en una cosa: no ser muertes naturales. Una narra una muerte  por sobredosis; la otra, un suicidio. La elegía tradicional queda entonces dinamitada como subgénero.


El término "Elegía" (Elegy) es el elegido por Mary Jo Bang para el título de su libro. Con ese título hace que su testimonio se enmarque en este subgénero, y que el lector esté sobre la misma del mismo en cada poema. La pregunta crucial se la hace la autora en el poema "Paisaje con caída de Ícaro": "...Cómo puede ser/ que esto no signifique nada para nadie que no sea yo" (And how can it be/ That means nothing to anyone but me now"). En este punto se reflexiona sobre el decir y el por qué decir, sobre el cómo contar la muerte y sobre el sentido de la poesía.
Es un poemario en el que se juega con la idea de la elegía como género, con la idea de la propia ficcionalización del dolor, con la narración de la muerte y la ausencia. De cómo la poesía aleja de la realidad. Por eso Mary Jo Bang llega a hacer ironía con el texto:

And someone takes that text and attaches it
To blue board, acid free and lasting.
And there you have it, a life
That makes you forget for the moment
This is your one and only
Mechanically insistent pulse.


Alguien coge ese texto y lo pega
en un tablero azul, libre de ácido y duradero.
Y ahí la tienes, una vida
que te hace olvidar por un momento
que es la tuya y sólo
mecánico pulso insistente. 
Elegy le mereció a Mary Jo Bang el Premio Nacional de Críticos del Círculo de Críticos de EEUU. Premiar que se hable cuando no se puede hablar, que se hable en el silencio más codificado. No es una terapia ni un desahogo, no es autocompasión, es la necesidad de dar palabra al horror.

(Cito la traducción de Jaime Priede para Bartleby, la única en castellano de este libro, y el único libro traducido hasta que hace poco Kriller71 Ediciones hiciese una antología).

***


(Francesca Woodman)


A Valérie Mejer la conocí por el ciclo Tinta Roja que organizó La Central de Callao, porque asistí a su recital (en conjunto con Chus Pato). 
Cuaderno de Edimburgo lleva implícito en su título la palabra "Cuaderno" que alude a la necesidad de tomar la hoja en blanco y narrar la muerte. Edimburgo es un lugar que la voz poética no conoce, que solo se menciona por un hecho: el número 5 de West Register Street, desde el que su hermano se arrojó por la ventana. Valerie Mejer, más que en la poetización, se centra en la comprensión y la comunicación: "Porque sufro entiendo",
La palabra aparece como algo menor e incapaz de dar medida (como también ocurría con el libro de Mary Jo Bang), De esa calle se nos dice:"Orbito alrededor de ella/ en el espacio exterior, /en donde al lenguaje/ le falta el saco y la corbata para ser admitido".
Los poemas de Valerie Mejer son poemas que hablan de sed. El prólogo a este libro en la edición de Amargord lo ha hecho Raúl Zurita, que ha reflexionado muchísimo sobre la muerte, en él nos da medida de algo crucial para la comprensión de los poemas de Valerie Mejer: "que lo inenarrable no es la violencia de la muerte sino la violencia de la vida" (p. 10).

La poesía de Valérie Mejer tiene mucho de desolación y de supervivencia, pero también de valiente paso hacia adelante. Eso es un cuaderno. Es la suya una desolación marcada por la intertextualidad. La misma Valérie dice que la intertextualidad más difícil es la información conseguida del suicidio de su hermano.

            ***


(Francesca Woodman) 

He seleccionado las fotografías de Francesca Woodman para la entrada, la fragilidad de quien conoció la muerte. Todas sus fotos tienen ese carácter de lo que está por desaparecer. En la fotografía, lo que está por no ser, en los libros, lo que ya no es. Todos momentos de lucidez en la desesperación. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Diario de una lectora (XVI): Les manes enceses o el sonido de Eugénio de Andrade en asturiano. Unas reflexiones en castellano




Desde que las prosas de Memória deoutro rio fueron publicadas al asturiano occidental en 1984 por Antón García, ha pasado tiempo de contraste, trabajo y dedicación apasionada del traductor. El mismo Antón nos trae ahora Les manes enceses, una antología muy completa de la poesía del portugués, que es capaz de dar medida de cada una de las dimensiones de la misma, como pocas habían hecho. La edición está muy cuidada y viene de mano de la editorial Saltadera, una apuesta editorial moderna en asturiano, que ya nos había traído Los 154 poemes de Kavafis, 

El martes se presenta el volumen en la Librería Cervantes de Oviedo, y yo hablaré en asturiano sobre la poesía de Andrade, sobre qué me dijo a mí Les manes enceses de ella, de su luz y su fe en la palabra; pero, más que nada, sobre qué me dice a mí desde la lengua que yo hablo. Ahora, los árboles de Andrade son  también los nuestros;  la casa y las gentes de esta tierra brillan porque, como los suyos, tenemos les manes enceses, la única forma de resistencia. 


***



"Equí tán les manes.
Son les más belles señales de la tierra.
Los ánxeles nacen equí:
frescos, mañaneros, casi de rosada,
de corazón allegre y pobláu".

Eugénio de Andrade, Les manes enceses (trad. Antón García)




jueves, 23 de octubre de 2014

Diario de una lectora (XV): "Nos han dado la tierra"

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.  
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.  
 Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.


Juan Rulfo, "Nos han dado la tierra", El llano en llamas









Volver a Juan Rulfo por la aridez, volver a Juan Rulfo como volver a la narrativa, Volver a Juan Rulfo porque en Juan Rulfo hay más poesía que en la propia poesía.

Volver a Juan Rulfo porque nos han dado la tierra.

domingo, 19 de octubre de 2014

Diario de una lectora (XIV): Rosario de Acuña, una viajera en estas montañas del norte

(A partir del libro de Jennifer Jenkins Wood, Spanish Women Travelers at Home and Abroad, 1850-1920). 



Tengo encargada una reseña sobre un libro de viajeras de finales del XIX y principios del XX. Entre la cantidad de mujeres españolas que escriben sus crónicas de viaje (Cecilia Böhl de Faber, Carolina Coronado, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos...), me ha parecido que una de ellas se merecía un hueco en el desván, una viajera que pisó mi tierra y que fue de las primeras mujeres en escalar sus montañas. Se trata de Rosario de Acuña (Madrid, 1850-Gijón 1923). 

Los textos de Rosario de Acuña eran temidos por la crítica por ser librepensadora, masona y feminista; sus libros de viajes, afortunadamente, causaron menos controversias.  Fue en 1866 cuando viajó por primera vez de Madrid a Gijón, hecho que plasmaría en un texto titulado "Un recuerdo de mis quince años" (1916). Desde ese momento, sería una apasionada de la naturaleza, lo que le llevaría a visitar Galicia, Asturias, Cantabria, Sierra Morena… hasta decir de las montañas de los Picos de Europa: “las sé como mi casa”. 

Es el amor por la naturaleza el que le hace acabar viviendo en Gijón. Allí colabora con periódicos como El Noroeste, en el que publicará una revisión de sus momentos de viaje en 1917, cuando estos ya se han acabado para ella. 

Este fin de semana de lecturas entre el verde, pienso en Rosario de Acuña como temeraria montañera, como mujer de letras y feminista pero, sobre todo, como capaz de encontrar en años en los que el catolicismo dominaba especialmente la educación de las mujeres,  una religiosidad interna que pertenecía tan solo a las montañas de aquí cerca.



(En la imagen, el Pico Urriellu, por jtsoft) 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Diario de una lectora (XIV): Lo fugaz de la palabra lúcida. Rafael Barrett



En estos días de trabajo casi prematuro, hay lecturas que abren paréntesis. Echando un vistazo a mi escritorio, veo un libro que lleva ahí desde mayo. A veces, lo hojeo. Así, creo yo, que pide ser leído. Se trata de Reflexiones y epifonemas de Rafael Barrett, una selección realizada por Cristian David López para la editorial Renacimiento. Fue el propio Cristian quien, en los últimos exámenes del curso pasado, me regaló el libro en la biblioteca de la facultad.

Barrett, corresponsal en un Paraguay convulso a principios del siglo XX, nos ofrece pensamientos fugaces y lúcidos. Hoy, con el primer resfriado del otoño, el cansancio y, también, las ganas que siempre trae la melancolía (con esperanza, sin convencimiento), leo:

Si fuimos santos o delincuentes, ¿qué importa? No somos ya lo que fuimos. Nos despertamos otro cada mañana. 




domingo, 21 de septiembre de 2014

Diario de una lectora (XIII): Ana y una libélula





Mi patria A4, la nueva traducción de Ana Blandiana en la editorial Pre-Textos llevaba persiguiéndome todo el verano. La descubrí en Madrid, entre las novedades de las librerías principales; volví a encontrar el libro en Santander, donde llegó a pesar de que a nuestras ciudades de provincias lo último en poesía viene algo más tarde; en Baeza me lo volvió a recomendar Manolo (@lectordepoesía), y finalmente, me hice con el libro en Oviedo.

La primera vez que escuché el nombre de la poeta rumana no pude evitar imaginarme un aura de cuento en sus poemas, una sonrisa sabia en su rostro, y  una mirada de complicidad para con un lector que vive el sufrimiento que traen al escenario sus palabras. Es la misma complicidad que se revela en la foto que incluyo en la entrada.

El nombre de Ana Blandiana tiene algo de epopeya, de cantora, de heroína herida que, con la lanza de las palabras, continúa luchando. Pensaba yo todo esto, y no pude evitar sonreír al leer el prólogo de Viorica Patea a la edición de Pre-Textos: 

El pseudónimo de Ana Blandiana es un nombre envuelto en una aureola de magia y de ecos mitológicos. Blandiana evoca el hermoso pueblo de Transilvania en la ribera del río Mureș donde nació su madre. Antes de conocerla personalmente, Geo Bogza, el consagrado escritor vanguardista de entreguerras, le envió a Blandiana una bella libélula y le deseó "llegar a ser tan famosa como Ana Karenina pero con otro destino", unas líneas que la autora interpretó como un mensaje llegado a través del tiempo de la historia de la literatura. En la cultura rumana, Ana es el nombre de la heroína de una de las baladas populares más bellas, "El maestro Manole", que ilustra la idea de que todo acto de creación se basa en un sacrificio. En el poema, Manole, el artista encargado de la construcción del monasterio de Argeș, puede vencer la maldición que hace que el edificio se derrumbe las noches, sólo si se compromete a ofrecer un sacrificio que, por ironía del destino, resulta ser la persona que más ama, su esposa Ana, a la que se ve obligado a emparedar entre los muros de la iglesia. Él se suicida después de la finalización del santuario. Al elegir este nombre simbólico, sin darse cuenta, la joven Blandiana asumió el destino sacrificial de la heroína legendaria que ella misma iba a revivir en una tragedia postmoderna durante las décadas tenebrosas de la dictadura. Una realidad que ella misma reconocería en "Balada" (1989). Su nombre lleno de magia llegó a ser la expresión de su ser.


Viorica Patea, "La poética de Ana Blandiana" en Ana Blandiana, Mi patria A4, Valencia, Pre-Textos, 2014, pp. 13-14.



El significado de su nombre nos lleva a la Ana libélula visionaria y onírica, pero también a la poeta exiliada y apátrida en su propia tierra, a la poseedora del mayor de los dolores ("he privatizado diríase, el dolor"). Pero, sobre todo, a la creencia en la imaginación como oposición a una realidad encasillada. Para ello, la metáfora cotidiana, pero inmensa, conduciéndonos a otra realidad que sólo existe en una patria A4, la única de la que no nos sentimos apátridas y exiliados.

 Recogeré un poema, uno de mis favoritos del libro:

Si, tal como dice San Agustín,
El Mal no es más que ausencia del Bien
Y la muerte ausencia de vida,
En esta tierra baldía
Nosotros somos malos,
Y estamos muertos,
Y ni siquiera nos damos cuenta
Puesto que no sabemos qué es ser
Bueno
O qué es estar
Vivo,
Así como las semillas de piedra de la arena
No saben lo que es germinar. 


El poema es representativo del carácter de gran parte de la poesía de Ana Blandiana que aparece en este libro: la preocupación por la maldad humana, la muerte, y las preguntas sobre qué es estar vivos; la metáfora sencilla pero lucidísima, como en este caso es el de las semillas de piedra de la arena; y unos finales de poema que ponen los pelos de punta, que lo rematan y confirman. Una poesía que nos explica, que se pregunta e indaga en lo que somos.

Tal vez no sea baladí que haya leído el libro que me llevaba persiguiendo todo el verano justo cuando está a punto de empezar el otoño.



sábado, 30 de agosto de 2014

Diario de una lectora (XI): El elogio de la sombra

Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos la belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes.

Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra, Madrid, Siruela, 2010, p. 69.




Me he acercado a El elogio de la sombra de Tanizaki con la esperanza de encontrar el universo de una cultura. Más que eso, la lectura me ha llevado a la sombra, al frío, a lo bello de sus sensaciones. Desde la premisa de que en Occidente nos hemos olvidado de la belleza de la sombra, el autor analiza la importancia de la misma en la cultura y el arte oriental. La sentencia de Natsume Soseki, «el refinamiento es frío», sirve de base. Como el frío, la sombra. Una sombra sin connotaciones negativas, la toma del contraste como valor seguro para la belleza.

En el análisis del arte, las palabras de Tanizaki me han llevado a pensar en varias películas japonesas. Pienso cómo la sombra es algo crucial en Ozu. Por ejemplo, en Cuentos de Tokio (aunque es una película posterior a la publicación de este ensayo), las sombras marcan el aura familiar y el choque temático: las oposiciones tradición/modernidad y valores/frivolidad. En el cine japonés las sombras toman la escena, iluminan los rostros de una forma especial, en un juego que va más allá del que realiza el cine expresionista alemán.






Leyendo el ensayo de Tanizaki estos días de sol y luz, de verano infinito, comprendo y ansío también yo la belleza del frío y la sombra.  «El refinamiento es frío, y algo sucio», se añade después.  Vivo en un lugar donde la sombra y la lluvia son presencias constantes. Sombra y lluvia occidentales, eso sí. He aprendido a apreciar su belleza oscura, a no cegarme con la luz. 

lunes, 21 de julio de 2014

Diario de una lectora (X): Una reflexión brevísima sobre La víspera de Rodrigo Olay

(Nota al vago: Rodrigo Olay no es solo el entrevistador personal de Gonzalo de Berceo, ni el metrónomo de Garcilaso). 








Quien lea el primer y el último poema de La víspera de Rodrigo Olay, y no sienta su paralelismo terrible, el caer en la cuenta, y el miedo, podrá decir que Rodrigo Olay es sólo un poeta audaz. 

Quien lea el verso final de "Palabras a la hija que algún día tendré", y siga pensando en la destreza en los sonetos precedentes, en el ritmo perfecto, y en el caudal de recursos, nunca comprenderá ese: "Porque allí yo ya no podré ayudarte".

Quienes lo hagan, quienes logren ver la emoción enorme de este poemario, encontrarán de verdad al p-o-e-t-a.



***


Cada cinco de enero.
La última semana de colegio.
La noche antes de un viaje.
Todo viernes.
La tarde del ya lo verás mañana.
Hasta un libro de texto el día que lo compras.
Un sobre sin abrir.
El primer paso fuera del hotel.
Navidad en verano.
El instante en que sabes que se va a desnudar.
Un regalo aún envuelto.
La victoria, tan limpia, sobre el mapa.
Los besos, cuando no eran para ti.
Y peor todavía:
lo que quisiste ser.
                              Ahora compara.  


Rodrigo Olay, "La víspera" (La víspera, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2014)

lunes, 14 de julio de 2014

Diario de una lectora (IX): «Lady Day el amor como una libélula/ cazador de libélulas»

(O, más bien, a pesar de lo pedante que pueda sonar: Diario de una evocadora de versos) 




La capacidad evocadora de la poesía es semejante a la de la música. La canción llega e incluye el instante de la escucha. Así lo hace el poema, tanto cuando es escrito, como cuando es leído.  Pere Gimferrer dice, siguiendo a Octavio Paz, que «el hecho poético es la inmovilización de un instante en la percepción». A veces, pienso que su poesía son varios instantes cruzados.

Cuando escribía mi pequeña Libélula había dos versos de su poema «Canción para Billie Holiday» que no paraban de sonar en mi cabeza. Estuve a punto de incluirlos en las citas del libro, pero no lo hice porque, aunque bien me había influido la imagen y el recurso, lo que yo expresaba era distinto. Los versos en cuestión eran:


Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas

Dejando de lado la belleza de la imagen, la evocación de Lady Day lleva, por un lado, al título del libro, Strange fruit (Extraña fruta), tomado de la canción de Billie Holiday, y, por otro, a la sentencia del principio del poema:


Y la muerte
                   nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono 

El mito del jazz se convertía en una metáfora supeditada al poema, y la referencia se encargaba de mitificar a la voz del mismo. Era parecido al procedimiento por el que  en Arde el mar, se evocaban en el presente momentos del pasado, que se hacían fuertes a partir de la puesta en el poema de una referencia cultural. 

La diferencia fundamental en el poema de Extraña fruta es el desencanto y el escepticismo, que surgen de dos instantes cruzados: el de la voz de Billie Holiday (el dolor, hermoso por otra parte, al oírla), y el que vive la voz poética. Lady Day sirve, en parte, de contraste con quien habla en el poema, que es casi paso fugaz, sonido,  un instante que dura un segundo. Y el desencanto está sobre todo al final:

Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido.



 ***

Tras este libro vendría un gran silencio de Pere Gimferrer en lengua castellana, pero la voz de Billie Holiday seguía sonando –como la muerte– cerca del micrófono. 


sábado, 12 de abril de 2014

Diario de una lectora (VIII) : Se derriten los copos, crece la primavera sobre la nieve. Más elegías.

Me gustan estos días en los que la primavera asoma, pero el invierno no se resiste a dar por perdida la batalla y nos obliga (sobre todo en el norte) a llevar una chaqueta siempre encima. También cómo, mientras se derrite el invierno, llegan algunos libros a mis manos. Hay dos en concreto que alcanzaron mis manos estos días: Chatterton de Elena Medel, publicado estos días; y La mano vacía, de Héctor Pérez Iglesias, un poemario en asturiano que salió a la luz el otoño pasado. 



El libro de Elena Medel, Chatterton, es el camino después de Tara. El misticismo y el lenguaje de este último no se pierde del todo (incluso cuando a ratos lo pierde por completo). Lo tiene la voz que canta a Chatterton, el poeta romántico que se suicidó a los diecisiete años:

Mentí durante diecisiete años. Mentí después
en todos mis poemas. He mentido durante los diez
años siguientes. Acércate, soy
como tú. Escucha cómo late mi corazón
perverso: mudanzas en platitos
de papilla de mamá. Aliméntame,
compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,
yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,
qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.
Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?
Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos
comencé yo a mentir. Un abanico con telas del Oriente
para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.
Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente
ahora? He soñado contigo algunas noches.
Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que
no miento. Ahora sí que no.

(Elena Medel, "Chatterton")

Pero el lenguaje pierde su recubrimiento y gana naturalidad cuando enuncia el fracaso laboral, las expectativas extinguidas, lo perdido de una generación. Tal vez ocurra porque el recuerdo y el linaje (presentes en Tara) son fuertes cimientos para la imagen y la metáfora, pero la precariedad no se pueden contar de otra manera. No se puede crear imágenes que mejor la describan que el lenguaje crudo. Algunos extractos que lo prueban: 

Madurar
era esto:
no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar el
pudrirse de la piel
igual que un fruto antiguo. 
(Elena Medel, "Estamos realizando obras en el exterior. No utilizar esta puerta excepto en caso de emergencia") 


 De las bocas abiertas, de los cuerpos pequeños: todo
cuanto sabíamos.
Hurgaban en el cubo y en su eco, a veces los gusanos; sin
cebos para el ocio
familiar, todo lo conocíamos. Rugoso y mojado en el tacto
de otro el tacto
de las yemas de los dedos, te despertaba el asco y a la vez te
despertaba  la sensación de conocer la piel que ahora descubres. 

(Elena Medel, "Canción de los adultos con responsabilidades") 


***



El libro de Héctor Pérez Iglesias hace que resuenen en mí las palabras del gran poeta entrerriano Juan L. Ortiz: "la poesía provincial tiene siempre algo que ver con la elegía". Héctor Pérez Iglesias escribe un poemario en esta llingua nuesa que también habla del frío y del invierno que no se acaba. "Escondese ellí yera temblar" dice el primer verso, después, también habrá noticias de la batalla de la nieve: 

Ensin la so vieya promesa
de día ensin clase, la ñeve
ye sólo un parásitu de caligrafía
esfilachada, una rabiosa infeición
que mancha de fiebre los portales. 

La naturaleza es en sí misma una elegía, que se defiende a sí misma: 

la lluna foi primero
un animal medrosu aprodeciendo namái
l'afelpáu focicu per una esquina
de la ventana... 

Lo es también el atardecer: 

L'atapecer ye un perru
de colores sarnosos que da vueltes nuna
esquina del cielo buscando
un sitiu onde s'echar. Cobaltu
fuxidizo, esplumosu azafrán. 


Eso sí, también hay desencanto urbano en el poemario de Héctor Pérez Iglesias, un desencanto mucho menos entrañable, mucho más cruel, la vida de afuera como testimonio más duro que el invierno mismo. No tiene sentido hablar de este libro en esta lengua, el castellano. Por eso, mejor, lean el libro.


***



Dos libros ásperos y crudos, revestidos con un lenguaje desnudo en el que tal vez, podamos comprendernos. Con ellos, llega la primavera, yo estreno años, y asimilamos lo que falta para que se derritan los últimos copos. 

sábado, 8 de febrero de 2014

Diario de una lectora (VII): un joven llamado Ángel Talián, Gil de Biedma y la vida (panorámica)

"Y la vida, que adquiere/ carácter panorámico" dice Gil de Biedma desde el libro de Ángel Talián. Es el mismo Gil de Biedma que indirectamente  canta desde "Pequeño salmo", el que abre el concierto (o la vida y sus escenarios), el que convoca el casting que pide a "Aquella que me ame ha de ser como la muerte", y el que también piensa su retrato con las huellas de Machado y Ortega y Gasset.

Es el mismo Gil de Biedma que, con el joven Ángel Tailán, sabe que el verano siempre "Termina con un niño mirando por la luna/ trasera de su coche que se marcha/ camino del otoño".



lunes, 23 de diciembre de 2013

Diario de una lectora (VI) Por qué hay que leer Prosas hispánicas de vanguardia

(Sobre Selena Millares (ed.), Prosas hispánicas de vanguardia, Madrid, Cátedra, 2013). 

Mes y medio después de hacerme con esta arriesgada antología, tengo estos grandes motivos: 

-Porque aparecen grandes olvidadas que dejan de serlo (Gabriela Mistral, Josefina de la Torre, Norah Lange).
-Porque cubre el vacío de la prosa en ese periodo y da una visión unificadora de las mismas.
-Porque une a España y a Hispanoamérica en un periodo en que eran hermanas (como hoy debería ser).


viernes, 29 de noviembre de 2013

Diario de un (re)lectora (V):

Releer un texto que marcó tu bachillerato sirve para decir años después: escribir un poema de amor después de La voz a ti debida es un acto de barbarie.

jueves, 3 de octubre de 2013

Diario de una lectora (IV): "Vivir loco"

En este otoño que no viene, montamos un encierro literario y celebramos una fiesta quijotesca. Tal vez para cambiar la realidad o la mente, para cambiarnos a nosotros, o para no cambiar nada. Para no "morir cuerdo".



(La primera ilustración es de Fito Espinosa; la segunda, de Savva Brodski; y el cuadro, de Ramón Aguilar Moré). 

martes, 24 de septiembre de 2013

Diario de una lectora (III): Conclusiones a la lectura en voz alta del poeta que bajó del Olimpo

 (A partir de Nicanor Parra: Páginas en blanco (eds. Niall Binns, M.ª Ángeles Pérez López), Salamanca, Universidad de Salamanca, 2001)




1) La antipoesía está hecha para ser leída en voz alta: 

 "La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
menos aún la palabra dolor,
la palabra torcuato".


2) Tras la lectura en voz alta, ¿cómo responder a qué es la "antipoesía"? ¿Estamos capacitados para enfrentarnos al "Test"? ("Qué es la antipoesía:/un temporal en una taza de té?"). 

Solo queda una suerte de comprensión absoluta de la cotidianeidad. Como todos los "anti", "antipoesía" lucha contra todos los "pre". 

3) ¿Hubo antes antipoetas?:  Kafka, Aristófanes... ¿Huidobro?
(Ruego que me respondan, si lo prefieren, en privado).

4) Cuando se busca en lo popular, la antipoesía toca a los poetas (y emergen juntos Lorca con su Romancero gitano y María, la de "Es olvido").

5) En la pasividad hay una suerte de pesadilla que no dista mucho de la realidad. En su representación distanciada (mediante el humor), nos comprendemos mejor.

6) Para tenerlo siempre claro, escribir un manifiesto es decir: "Los poetas bajaron del Olimpo".

7) "El colmo de los colmos
es ponerse a cantar versos de ciego
como si en Chile no ocurriera nada".

8)


jueves, 29 de agosto de 2013

Diario de una lectora (II): Atenas en ruinas vuelve en la maleta

Sobre Atenas de Juan Vicente Piqueras

(Una vez más: Graecia capta ferum victorem cepit et artis intulit in agresti Latio).

Cuando uno vuelve a su lugar de origen lee en el paisaje y en la herencia que el tiempo le ha dejado a nuestros antepasados, pero cuando se observa como extranjero una tierra en ruinas, estas pasan a formar para siempre parte de su maleta. Si en Aldea (Hiperión, 2006) Juan Vicente Piqueras exploraba ese regreso a casa, Atenas es ese viaje que marca y desgasta. 

El primer poema que leí de Juan Vicente Piqueras fue "Confesión del fugitivo" (recomiendo ver el vídeo en el que lo recita en el Festival Internacional de Poesía de Medellín)."Sólo soy feliz yéndome", decía. Hoy, Atenas dice: "¿Quién sabe adónde va cuando se va?". En ese no saber, en el desconocimiento del nómada, el viaje es tan solo esa búsqueda de"la odisea feroz de ser feliz":

Y si alguien te pregunta
si es que no te da pena o miedo o vértigo
dejar aquí colgadas
ocasiones y voces de los sauces,
diles que no, que la pena es quedarse
muriéndose de sed a orillas de una fuente.

Sin embargo, en esa odisea feroz no quedan al margen las observaciones del extranjero sobre el territorio.  La búsqueda interior del nómada acaba tiñéndose por el color de unas calles que ya no son lo que eran y de una historia converstida en ruinas:

Atenas ya no existe. En su lugar
hoy hay otra ciudad que lleva el mismo nombre
pero ya no es la misma.

Una ciudad que ya no huele a azahar
sino a ceniza, llena
de ancianos vencidos que piden limosna,
de niños que tocan un viejo acordeón
con una mano y con la otra piden
limosna, de borrachos
que piden limosna con un vaso de plástico
y parece que fueran a beberse
lo que les den, de dioses
enfermos, tullidos, que piden limosna,
de estatuas cansadas que piden limosna,
de gente que pide la pena que da.

Una ciudad fundada por los dioses,
castigada sin cielo por el único dios
que este siglo venera.

Atenas ya no existe. En su lugar
una ciudad donde la luz da lástima.

Cuando uno viaja, lo hace para llenar huecos vacíos, habitar maletas, aeropuertos, con la satisfacción de que en esa odisea está lo único que espera en la vida. Hoy, pocos días antes de realizar un viaje a un país que no es Atenas, pero que también está en crisis,  leo este poemario de Juan Vicente Piqueras y, otra vez, unas calles llenan la vida. A fin de cuentas, siempre volvemos a cruzar "dos veces cada día/ la calle Heráclito", como dice el autor:


Los mandarinos de Píndaro.
El tráfico de Hipócrates.
Los taxis en Teseo.
Las putas de Aristóteles.
La basura de Sófocles.
Las especias de Eurípedes.
Los gases lacrimógenos en Síntagma.

Y aunque sé que nadie puede
cruzar dos veces la misma calle,
yo cruzaba dos veces cada día
la calle Heráclito.

viernes, 5 de julio de 2013

Diario de una lectora (I): Luz de julio sobre los versos de Eliot

Lo dije hace poco aquí: el verano y la enfermedad son el tiempo y el lugar para la narrativa. Por eso, porque llevo ya varios días sumergida en una novela, ya tenía ganas volver a mis lecturas favoritas de poesía. Con ese objetivo fui esta tarde a la librería Cervantes. Tras darle varias vueltas a la sección de poesía (y a los precios de los libros), me decidí por una relectura: Four Quartets de T. S. Eliot. Al final, la búsqueda de descubrimientos,  acabó siendo un redescubrimiento.

Leer es releer. Lo he dicho muchas veces en el desván. Hace tiempo me enfrenté a un viejo ejemplar de biblioteca de Four Quartets, y abrir hoy mi libro nuevo no puede dejar de evocarme aquella lectura, en un otoño que se siente ya lejano. Hoy, tras un té en buena compañía en el café Paraíso (lugar que les aconsejo visitar si van a Oviedo), cojo el autobús de vuelta a casa, enciendo el iPod, y abro el libro. Mientras escucho el último disco de Toundra, cabeza de cartel del Stonefest, festival que tiene lugar este fin de semana en Piedras Blancas (y cuya iniciativa celebro), comienzo a releerlo.

A la música se le une el último rayo de sol de una tarde de verano, que ilumina los versos de Eliot.  Me acuerdo entonces de eso que decía Deleuze de que uno no se enamora solo de una mujer, sino también del momento en el que el viento mece su falda, o del instante en el que pasea por una calle un día de sol. En este caso, desde el cristal, la luz de un atardecer de verano ilumina la página. Entonces, esos primeros versos («Time present and time past/ Are both perhaps present in time future») cobran otro significado que no tenían en una lectura anterior. El poema queda para siempre marcado por esta tarde de julio, la voz de Eliot se contagia de la voz de la vida, y cobra todo su sentido.



Pd. Es justo lo mismo que me invita a inaugurar una sección en el blog de la que hoy ofrezco la primera entrega: «Diario de una lectora».