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jueves, 4 de junio de 2015

Diario de una lectora (XXI): Mi vida, Marc Chagall (Acantilado)



La primera lectura tras el fin de exámenes exigía no ser de la tradición hispánica y no ser poesía ni narrativa. En una parada en la Librería la Palma (una librería pequeña de Oviedo con muy buen fondo) me encontré con Mi vida de Marc Chagall editado por Acantilado, la autobiografía del pintor ruso. 

Al principio del libro, Chagall dice que "yo nací muerto". Quien dice haber nacido muerto se sabe muerto por el gran incendio que vio nada más nacer, muerto por ser judío, muerto por no querer vivir; pero también con la obligación de vivir en el arte, donde el pintor es capaz de figurar otra realidad en la que sí quiere vivir, partiendo de la suya desdichada: "Si mis obras desempeñaban ningún papel en la vida de mis parientes, sí que, en cambio, sus vidas y sus invenciones ejercieron gran influencia sobre mi arte". 

Qué curioso que una autobiografía en la que se parta del haber nacido muerto transmita tanto amor por la vida en sus imágenes, en su prosa cercana a la poesía, en su sinceridad. 

sábado, 28 de marzo de 2015

Poética de blog



(Para ver la imagen en total calidad, aquí en Flickr) 


Hacía tiempo que no sacaba fotos. Vuelvo a hacerlas de lo que siempre las hice: las míos muyeres, la señardá, ese espacio ficcional de la aldea de Vallouta que llena la obsesión personal y un libro de poesía que aún no ha logrado ganar ningún concurso. En general, mi fotografía se relaciona con mi poesía. Soy igual de amateur en ambas, igual de indisciplinada. Más intuitiva en la primera. Consecuente con el mismo sentimiento de compartir lo individual, si esto es capaz de hacernos indagar en lo que somos. 



***


Esto último semeja al objetivo que tuve al abrir este desván, y me recuerda a lo que se intentó debatir en el recital y coloquio en el que algunos poetas jóvenes participamos el pasado 16 de marzo en el Aula de Poesía de la Universidad. Una de las cuestiones por las que nos guió Javier García Rodríguez fue por la supuesta muerte de los blogs literarios. Cuando abrí este yo tenía diecisiete años y casi no conocía a nadie que leyera o escribiera poesía. Lo que más me gustaba era para mí, por entonces, casi un lujo solipsista. No me importaban tanto los lectores potenciales del blog, como abrir una suerte de alianza con quien lo leyera. Supongo que poco tiene que ver con esto la idea de reconocimiento poético, presencia en Internet o entrada en la guerrilla literaria (etiquetas que, por otra parte, una olvida con frecuencia).

La noción de desván, tan alejada frecuentemente del exterior y sinónimo de exilio personal, similaba a una casa de huéspedes nómadas,  una apuesta por la comunicación en donde la propia idea de comunicación había quedado, al menos para mí, subvertida. Más cercana a la llamada de teléfono que al WhatsApp, al cuento que al microcuento. Eso me alejaba de los poetas de Twitter, de la propia comunicación con otros poetas, y de ciertas nociones "seudoposmodernas" de  la literatura. Tal vez  sea porque la vida no me cabe en un tuit que prefiera el delirio en forma de entrada o, en todo caso, el instante concreto de Instagram. 

Con la certeza de que mi vanguardia es la desfasada, esa que cree en la imaginación como forma de configurar la identidad personal sigo persistiendo. Perdonenme si en esta casa obsoleta luce a veces como aquella casa lóbrega y oscura del Lazarillo. Probablemente, todavía hoy, yo siga manteniendo una obsesión solipsista. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Homenaje a Zurita (II) Raúl Zurita y el desencanto (homenaje personal)

Descubrí a Raúl Zurita a través del Canto a su amor desaparecido. Lo que me llevó a su poesía fue esa voz impactante que recitaba delante del Memorial del Detenido Desaparecido y del Ejecutado Político,  esa voz nerudiana a la que acompañaba el memorial de la desolación, el dar medida de horror de un país. 

La poesía de Raúl Zurita ha tenido siempre esto: la condición épica para crear una identidad cuando todo está en ruinas. Cuando el poeta dice "“Todo mi amor está aquí y se ha quedado pegado a las rocas, al mar, a las montañas” (verso inscrito en el memorial) no solo pone su canto en pos de los horrores comunes, sino que pone de antemano que su palabra está condicionada por él. Por el suyo propio que es el de todos.

Desde sus primeras actividades con el CADA, llevó a cabo la corporización del poema. Era algo que se tocaba, real como el horror. La materialización del "poner la otra mejilla", los poemas en el cielo, los poemas en el desierto de Atacama, el proyecto de poema en la cordillera, no nos dicen nada más que del sueño de que la poesía resida más cerca, a este lado del mundo. Nada más alejado del lujo solipsista por el que nos han venido la literatura.



Ahora bien, cuando el poeta dice "Nací bajo Pinochet, viví bajo/ Pinochet, morí bajo Pinochet,/  pero te amaba yo tanto/ que hasta no me parecía tan malo" no solo reconstruye la esperanza, sino que se enmarca en una tradición literaria. Nos recuerda que la Guerra de Troya finaliza con Elena, que al fondo del inferno estaba Beatriz, que la poesía canta al desencanto, pero que al fondo está esa luz esperanzadora. En Zurita su condición de cantor de la desolación y esperanza en amplía. Al paradigma de la epopeya (deconstruido) se une el paradigma autobiográfico (igualmente deconstruido). La memoria personal se fusiona con la naturaleza, la dictadura, y el propio sentimiento individual. Un Zurita que pasa de lo personal para dar su pequeño (gran) paso en la historia de la literatura.


Raúl Zurita tituló su discurso para el acto de investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Alicante: "Son necesarias las estrellas. Poesía y adversidad". En él partió de la sentencia de Eurípides:

Helena: -Yo nunca estuve en Troya, era solo mi sombra.
Menelao: -¿O sea, que solo por una sombra sufrimos tanto?

Esas sombras también persiguen la poesía de Raúl Zurita, el espejismo, la creencia falsa que le hace tomar la voz. Él dice:  "Ojalá que no hubiera existido esa literatura (...) Que no existiesen gran parte de las razones que llevan a los seres humanos a escribir poemas". Y tiene razón. Ojalá que no existiera el desencanto, pero existe. Y hay que cantarlo. Por eso Raúl Zurita. Por eso. 

martes, 10 de marzo de 2015

El homenaje a Raúl Zurita (I)




"Nací bajo Pinochet, viví bajo
Pinochet, morí bajo Pinochet,
 pero te amaba yo tanto
que hasta no me parecía tan malo".

Así empezó todo. Eran las once de la noche en el Clan Cabaret de Alicante y Raúl Zurita iba a recitar sus poemas. Se trataba del colofón a una semana de actos en su honor, que se habían llevado a cabo en la Universidad de Alicante con motivo de haberle concedido la categoría de doctor honoris causa.  

***

Los dos días de congreso previos supusieron un debate a lo largo y ancho de la obra de Raúl Zurita. Desde la reflexión sobre la escritura axiomática de Purgatorio, hasta el trabajo con la propia experiencia de la dictadura que se lleva a cabo en Zurita, se desgranó su obra y se intentó mostrar por qué el poeta debía ser doctor honoris causa por la Universidad de Alicante. 

Además, se inauguró en el Museo de la Universidad de Alicante la exposición sobre la escritura material de Raúl Zurita. El comisario de la exposición, Ramón Castillo dio medida en la presentación de la implicación que tantas personas han tenido para llevar a cabo el sueño de Raúl Zurita: pintar versos en la cordillera. Mientras que el sueño se realiza y no, la exposición muestra la pintura en el cielo y en el desierto de Atacama. 












El miércoles, además de la continuación del coloquio internacional "Raúl Zurita: alegoría de la desolación y la esperanza" se presentó el documental, aún en preparación, Raúl Zurita: Escribir en el desierto, dirigido por William Rowe y Collin Stilly y financiado por la Universidad Diego Portales.



Por último, el día de la investidura, Raúl Zurita plantó una araucaria chilena junto a la palmera uruguaya de Mario Benedetti y la de Zamora Vicente.  Junto a ella, los versos de Canto a su amor desaparecido, libro que, por cierto, acaba de salir en España de la mano de la editorial Delirio. 



El jueves por la tarde, hubo recitales por toda la ciudad de Alicante. El primero de ellos fue en la librería Pynchon & Co. 

                                          





***

Han sido tres días muy intensos que me han llevado a releer la obra de Raúl Zurita y a entrar en un contacto mucho más directo con ella. Agradezco al Centro de Estudios Mario Benedetti y a los organizadores la amabilidad con la que nos trataron a los ponentes y, sobre todo, el trabajo para difundir en España la obra de los grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Diario de una lectora (XVII): Lucidez en la desesperación


 (Francesca Woodman) 


En las últimas semanas dos elegías se han cruzado en mi escritorio: Elegy (Graywolf Press, 2007, trad. Jaime Priede para Bartleby, 2010) de Mary Jo Bang y Cuaderno de Edimburgo (Amargord, 2012) de Valerie Mejer. Son dos formas de contar dos muertes distintas, en dos lenguas distintas. Ambas confluyen en una cosa: no ser muertes naturales. Una narra una muerte  por sobredosis; la otra, un suicidio. La elegía tradicional queda entonces dinamitada como subgénero.


El término "Elegía" (Elegy) es el elegido por Mary Jo Bang para el título de su libro. Con ese título hace que su testimonio se enmarque en este subgénero, y que el lector esté sobre la misma del mismo en cada poema. La pregunta crucial se la hace la autora en el poema "Paisaje con caída de Ícaro": "...Cómo puede ser/ que esto no signifique nada para nadie que no sea yo" (And how can it be/ That means nothing to anyone but me now"). En este punto se reflexiona sobre el decir y el por qué decir, sobre el cómo contar la muerte y sobre el sentido de la poesía.
Es un poemario en el que se juega con la idea de la elegía como género, con la idea de la propia ficcionalización del dolor, con la narración de la muerte y la ausencia. De cómo la poesía aleja de la realidad. Por eso Mary Jo Bang llega a hacer ironía con el texto:

And someone takes that text and attaches it
To blue board, acid free and lasting.
And there you have it, a life
That makes you forget for the moment
This is your one and only
Mechanically insistent pulse.


Alguien coge ese texto y lo pega
en un tablero azul, libre de ácido y duradero.
Y ahí la tienes, una vida
que te hace olvidar por un momento
que es la tuya y sólo
mecánico pulso insistente. 
Elegy le mereció a Mary Jo Bang el Premio Nacional de Críticos del Círculo de Críticos de EEUU. Premiar que se hable cuando no se puede hablar, que se hable en el silencio más codificado. No es una terapia ni un desahogo, no es autocompasión, es la necesidad de dar palabra al horror.

(Cito la traducción de Jaime Priede para Bartleby, la única en castellano de este libro, y el único libro traducido hasta que hace poco Kriller71 Ediciones hiciese una antología).

***


(Francesca Woodman)


A Valérie Mejer la conocí por el ciclo Tinta Roja que organizó La Central de Callao, porque asistí a su recital (en conjunto con Chus Pato). 
Cuaderno de Edimburgo lleva implícito en su título la palabra "Cuaderno" que alude a la necesidad de tomar la hoja en blanco y narrar la muerte. Edimburgo es un lugar que la voz poética no conoce, que solo se menciona por un hecho: el número 5 de West Register Street, desde el que su hermano se arrojó por la ventana. Valerie Mejer, más que en la poetización, se centra en la comprensión y la comunicación: "Porque sufro entiendo",
La palabra aparece como algo menor e incapaz de dar medida (como también ocurría con el libro de Mary Jo Bang), De esa calle se nos dice:"Orbito alrededor de ella/ en el espacio exterior, /en donde al lenguaje/ le falta el saco y la corbata para ser admitido".
Los poemas de Valerie Mejer son poemas que hablan de sed. El prólogo a este libro en la edición de Amargord lo ha hecho Raúl Zurita, que ha reflexionado muchísimo sobre la muerte, en él nos da medida de algo crucial para la comprensión de los poemas de Valerie Mejer: "que lo inenarrable no es la violencia de la muerte sino la violencia de la vida" (p. 10).

La poesía de Valérie Mejer tiene mucho de desolación y de supervivencia, pero también de valiente paso hacia adelante. Eso es un cuaderno. Es la suya una desolación marcada por la intertextualidad. La misma Valérie dice que la intertextualidad más difícil es la información conseguida del suicidio de su hermano.

            ***


(Francesca Woodman) 

He seleccionado las fotografías de Francesca Woodman para la entrada, la fragilidad de quien conoció la muerte. Todas sus fotos tienen ese carácter de lo que está por desaparecer. En la fotografía, lo que está por no ser, en los libros, lo que ya no es. Todos momentos de lucidez en la desesperación. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Semana tres de noviembre (II): poesía y realidad

Esta ha sido una semana difícil y convulsa en la prensa y en la política, pero, sobre todo, ha sido una semana marcada por la fotografía de Carmen Martínez Ayuso, terrible retrato de nuestra miseria. Una semana, en definitiva, difícil para las personas. 

Pienso entonces en los poetas, más que en la poesía, en cómo sigue siendo el silencio ante tanta miseria. Pienso en los concursos que se fallan en restaurantes caros, en la vida pública de los poetas, en las fotografías, el dinero. Pienso después en la poesía. Ese discurso que debiera ser la lengua de la verdad y el lugar de la disidencia, cae en los recipientes comunes de la mentira. Eso no es la poesía, me digo. Eso no es la poesía. La poesía no es un panfleto político (tantas veces lo fue); ni una pura, olvidadiza, y limpia dama de la corte (tantas veces lo sigue siendo). No es un lujo. La poesía es el acto descarnado de conocernos, con todo, sobre todo, y contra todo; y, para conocernos, no debemos dejar de mirar afuera. 

Pego aquí, una vez más, esta fotografía que ya es viral, la fotografía de Andrés Kudacki en la que Carmen Martínez Ayuso se sostiene con una mano al marco de la puerta; y con la otra a su bastón, con los ojos cerrados, y una luz en el rostro, y una sombra en lo demás, que podría ser sacada de un cuadro de La Tour. La pego para acordarme siempre de dónde está mi lugar en el mundo, y sobre todo, en qué mundo nace mi poesía.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Semana dos de noviembre.Interstellar

Hay semanas cuya prueba de que han pasado es solo una marca física del insomnio y del cansancio. A veces es bueno recordarse a una misma que esa semana ha pasado por algo más. Esta semana vi Interstellar. 

Con sus pequeños fallos en el guion, Interstellar deja grandes momentos en sus imágenes, que no se limitan a aquellas que homenajean a 2001: Una odisea en el espacio. Probablemente esté narrada desde la grandilocuencia del siglo XXI, con sus pros y sus contras; pero hay juegos de antaño que yo miré con gusto: el toque especial de las sombras, la importancia de la naturaleza (me recordó, también, a Tarkovski), desmontar emocionalmente al espectador con una paradoja, el poema de Dylan Thomas vibrando en lugares lejanos...

Ha sido, ciertamente, una buena marca de haber pasado la semana. 





Rage, rage against the dying of the light...



lunes, 3 de noviembre de 2014

Las cien caras de mujer de Piero Fornassetti

(Para W., que me descubrió a Fornassetti y me redescubrió a Nils Frahm) 
  




Piero Fornasetti (1913-1988) dibujó obsesivamente a la soprano Lina Cavalieri (1874–1944) después de haberla visto en una revista antigua. Esta representación casi obsesiva excedía de un simple motivo para convertirse, a la vez, en lo extraordinario de la copia y en lo insólito de la imaginación.


El Borges personaje de "El Aleph" pensaba en Beatriz Viterbo

de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón... 

De un modo parecido, Piero Fornassetti imaginó a Lina Cavalieri. Sin embargo, en el italiano estaba implícito el hecho de que, en el juego de recordar su cara, eran cruciales el resto de elementos, aunque distantes, que el pintor había visto, leído o recordado.

Así aparece Lina Cavalieri como Dalí, Lina Cavalieri contando el tiempo,  Lina Cavalieri en el desierto, Lina Cavalieri sudando, sacando la lengua y pidiendo silencio; Lina Cavalieri observando el mundo por unos prismáticos. Lina Cavalieri a secas.

Fornassetti nunca explicó por qué lo había hecho, decía que habia empezado a hacer variaciones y no paró. No importa mucho. Solo importa dejar huella después de comprender que el arte es un juego obsesivo, y que hay que estar muy loco y muy cuerdo para tener conciencia de los mundos de la imaginación. 




jueves, 23 de octubre de 2014

Diario de una lectora (XV): "Nos han dado la tierra"

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.  
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.  
 Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.


Juan Rulfo, "Nos han dado la tierra", El llano en llamas









Volver a Juan Rulfo por la aridez, volver a Juan Rulfo como volver a la narrativa, Volver a Juan Rulfo porque en Juan Rulfo hay más poesía que en la propia poesía.

Volver a Juan Rulfo porque nos han dado la tierra.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Autobiografía con una esquina

(Esto es lo que pasa cuando te sacan una foto en un lugar que antes creías de paso). 




                    






Este escritorio no es en el que he escrito más poemas. De hecho, he escrito aquí más bien pocos. No está en mi lugar favorito. Su pared no está pintada de azul. El silencio no es el deseado. No son las montañas a las que emigro cada fin de semana, donde más escribo, pienso y leo; donde comprendo ya la dinámica de cada sombra, porque me he acostumbrado a ella, donde el único sonido es el de la fuente, alguna vaca que pasa, los pájaros emigrando como yo lo hago, la puerta, vieja, al cerrarse, los perros ladrando. El sonido del verde, también.

Aquí el invierno es menos frío, pero más duro, y una esquina me basta para escribir una autobiografía. ¿Diré ahora, con Juan Antonio González Iglesias, que "un ángulo me basta"?  Más bien el ángulo me circunda a mí.


***



viernes, 5 de septiembre de 2014

Nicanor Parra. 100 años.




A los cien años de Nicanor Parra, ya se puede decir que la antipoesía ha encontrado la verdad antes que la mayor parte de la poesía. 








Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.


Nicanor Parra, "Manifiesto"

sábado, 30 de agosto de 2014

Diario de una lectora (XI): El elogio de la sombra

Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos la belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes.

Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra, Madrid, Siruela, 2010, p. 69.




Me he acercado a El elogio de la sombra de Tanizaki con la esperanza de encontrar el universo de una cultura. Más que eso, la lectura me ha llevado a la sombra, al frío, a lo bello de sus sensaciones. Desde la premisa de que en Occidente nos hemos olvidado de la belleza de la sombra, el autor analiza la importancia de la misma en la cultura y el arte oriental. La sentencia de Natsume Soseki, «el refinamiento es frío», sirve de base. Como el frío, la sombra. Una sombra sin connotaciones negativas, la toma del contraste como valor seguro para la belleza.

En el análisis del arte, las palabras de Tanizaki me han llevado a pensar en varias películas japonesas. Pienso cómo la sombra es algo crucial en Ozu. Por ejemplo, en Cuentos de Tokio (aunque es una película posterior a la publicación de este ensayo), las sombras marcan el aura familiar y el choque temático: las oposiciones tradición/modernidad y valores/frivolidad. En el cine japonés las sombras toman la escena, iluminan los rostros de una forma especial, en un juego que va más allá del que realiza el cine expresionista alemán.






Leyendo el ensayo de Tanizaki estos días de sol y luz, de verano infinito, comprendo y ansío también yo la belleza del frío y la sombra.  «El refinamiento es frío, y algo sucio», se añade después.  Vivo en un lugar donde la sombra y la lluvia son presencias constantes. Sombra y lluvia occidentales, eso sí. He aprendido a apreciar su belleza oscura, a no cegarme con la luz. 

lunes, 25 de agosto de 2014

De vuelta de Baeza

Acabo de llegar del lugar que Machado miró con los ojos de quien lo ha perdido todo. El poeta llegó a Baeza en 1912 tras la muerte de Leonor. La pequeña ciudad fue  una de esas casualidades inmensas que a veces la vida pone delante: no era allí donde quería ir, sino a Madrid, pero la plaza vacante estaba en Jaén. En la Antigua Universidad, Machado impartió sus clases, como él mismo afirmó, en una situación en que apenas el treinta por ciento de la población sabía leer. 

A Baeza la presiden ahora casas en venta, edificios del Renacimiento que conservan la dignidad ante fotografías, olivares que se alzan al viento escaso del mes de agosto recitales de poesía,   noches de tapas y copas... En ellas sigue residiendo la melancolía. No sólo la melancolía del poeta, sino la melancolía en la alegría.

La belleza es así, con sus claroscuros. Baeza es una ciudad para la poesía, como lo son todas las ciudades en las que alguien se ha parado a escribir el desencanto que a veces trae estar vivos. 


Estas son algunas de las fotos que yo he sacado de ella.












viernes, 8 de agosto de 2014

Diario de una lectora (XI): Ana Rossetti y los amantes de Chagall

(Para W., que qué cosas me regala).


Tengo sobre la mesa un regalo muy especial que me han traído de un mercadillo de viejo de Francia, un libro lleno de obras de Chagall. Para mí, el arte de este artista, es sobre todo la importancia del corazón y de la inteligencia subjetiva de quien mira, y la apariencia de lo fantástico como posible a través del ojo del artista.

Las pinturas de Chagall penetran en la vida y en su amor por ella, por los antepasados, los sueños frustrados (como los del soldado que bebe e imagina un mundo maravilloso sobre su mesa). También, y no es baladí, en cuadros como el que acabo de citar, la felicidad extinguida y soñada.

Tal vez haya sido eso lo que me haya llevado a coger otro libro que tengo sobre la mesa, Punto umbrío (1995) de Ana Rossetti. Los poemas que lo componen rompen, en parte, con su trayectoria anterior. Hay en él una evocación de la infancia y la adolescencia, junto a la felicidad que ya no es, como puntos umbríos. Sin embargo, según va avanzando el libro, el hecho de amar a otro como luz sobre las sombras se hace evidente. Este poema lo demuestra:

Qué será ser tú.
Éste es el enigma, la atracción sobrecogedora
de conocer, el irresistible afán de echar el ancla
en ti, de poseerte.
Qué será la perplejidad de ser tú.
Qué, el misterio, la dolencia de ser tú y saber.
Qué, el estupor de ser tú, verdaderamente tú y,
con tus ojos, verme.
Qué será percibir que yo te ame.
Qué será, siendo tú, oírmelo decir.
Qué, entonces, sentir lo que sentirías tú.

En él  late el hecho concreto de amar: la búsqueda esperanzadora de conocer al otro, comprenderlo, vencer a la soledad con la luz mutua. Esa esperanza está ausente en otras composiciones del poemario. Es eso lo que me hace emparentarlo con algunas pinturas de Chagall, en concreto con Les amoreux dans le ciel y Le bouquet de fleurs des amants.







Los amantes de Chagall aparecen en los dos cuadros fundidos en el color azul. Se trata de un ambiente nocturno en el que se reconoce en ellos, como en el poema de Ana Rossetti, la complicidad contra esa noche oscura, el ser otro, los mundos compartidos, la experiencia amorosa como conocimiento y sabiduría.

Punto umbrío probablemente sea el poemario más pesimista de Ana Rossetti, y, a la vez, el más esperanzador. Así veo algunos de los poemas del libro: como los amantes de Chagall iluminados sobre el cuadro. Probablemente, única luz sobre la noche. 

***

Por cierto, suena esto: 

jueves, 17 de julio de 2014

Valdediós

Mañana a las siete y media en el Monasterio de Valdediós (Villaviciosa) participaré en el recital que cada año se celebra en el mismo enclave. Junto con poemas de la antología Poesía, alma del mundo, fruto del encuentro, leeré otro poema que aún no he acabado de escribir. 

Tal vez nunca lo lograré, pero lo leeré a pesar de todo.  Tiene que ver con Valdediós, con 1937, y también con lo que es para mí la poesía: la defensa más sincera contra el dolor; la puesta de la palabra en el lugar que ha de habitar: la memoria de la humanidad.

Acaso así comprendamos lo que de verdad somos, y sepamos que lo que nos mata será siempre el silencio. 





Y, sí, yo quiero pensar que, pese a todo, la poesía no ha caído en desgracia. 

lunes, 14 de julio de 2014

Diario de una lectora (IX): «Lady Day el amor como una libélula/ cazador de libélulas»

(O, más bien, a pesar de lo pedante que pueda sonar: Diario de una evocadora de versos) 




La capacidad evocadora de la poesía es semejante a la de la música. La canción llega e incluye el instante de la escucha. Así lo hace el poema, tanto cuando es escrito, como cuando es leído.  Pere Gimferrer dice, siguiendo a Octavio Paz, que «el hecho poético es la inmovilización de un instante en la percepción». A veces, pienso que su poesía son varios instantes cruzados.

Cuando escribía mi pequeña Libélula había dos versos de su poema «Canción para Billie Holiday» que no paraban de sonar en mi cabeza. Estuve a punto de incluirlos en las citas del libro, pero no lo hice porque, aunque bien me había influido la imagen y el recurso, lo que yo expresaba era distinto. Los versos en cuestión eran:


Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas

Dejando de lado la belleza de la imagen, la evocación de Lady Day lleva, por un lado, al título del libro, Strange fruit (Extraña fruta), tomado de la canción de Billie Holiday, y, por otro, a la sentencia del principio del poema:


Y la muerte
                   nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono 

El mito del jazz se convertía en una metáfora supeditada al poema, y la referencia se encargaba de mitificar a la voz del mismo. Era parecido al procedimiento por el que  en Arde el mar, se evocaban en el presente momentos del pasado, que se hacían fuertes a partir de la puesta en el poema de una referencia cultural. 

La diferencia fundamental en el poema de Extraña fruta es el desencanto y el escepticismo, que surgen de dos instantes cruzados: el de la voz de Billie Holiday (el dolor, hermoso por otra parte, al oírla), y el que vive la voz poética. Lady Day sirve, en parte, de contraste con quien habla en el poema, que es casi paso fugaz, sonido,  un instante que dura un segundo. Y el desencanto está sobre todo al final:

Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido.



 ***

Tras este libro vendría un gran silencio de Pere Gimferrer en lengua castellana, pero la voz de Billie Holiday seguía sonando –como la muerte– cerca del micrófono. 


jueves, 26 de junio de 2014

El mar, una cárcel

Cuando se camina mucho, se comprende hasta qué punto el lugar de origen nos determina. Vanessa Winship sigue en su trabajo fotográfico esta certeza. La fotógrafa busca los orígenes de otros, lee en sus ojos, retorna después para conocer aquello que a ella le ha determinado: su casa, Barton-upon-Humber, el agua.

Del viaje emergen las niñas anatolas que no conocen aun el significado de "patria", pero se visten con el atuendo que estas imponen para asistir al colegio. Por su parte, en Albania, tras la guerra, encuentra a sus amigos vivos, tanto como quienes se saben cerca de la muerte; y, Georgia, es punto origen y  de fuga, exilio en sí mismo.

Vanessa Winship rastrea culturas marcadas por el mar, ese mar oscuro que parece no ofrecer salidas. Pero sobre todo, rastrea el mar en los rostros, la guerra de Kosovo en los rostros, el sueño americano en sus rostros. Después vuelve. El paisaje del río también le ha determinado a ella. Es en el agua esa onda pequeña que se extinguirá

Tal vez ahí nuestra fragilidad, como la cara del niño que sonríe con timidez tras el cristal, el mismo cristal que refleja la violencia de quienes están al otro lado. La infancia, la represión. El mar, una cárcel. 









(La exposición de Vanessa Winship estará en la sede de la Fundación Mapfre en Madrid hasta el 31 de agosto)