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domingo, 23 de noviembre de 2014

Semana tres de noviembre (II): poesía y realidad

Esta ha sido una semana difícil y convulsa en la prensa y en la política, pero, sobre todo, ha sido una semana marcada por la fotografía de Carmen Martínez Ayuso, terrible retrato de nuestra miseria. Una semana, en definitiva, difícil para las personas. 

Pienso entonces en los poetas, más que en la poesía, en cómo sigue siendo el silencio ante tanta miseria. Pienso en los concursos que se fallan en restaurantes caros, en la vida pública de los poetas, en las fotografías, el dinero. Pienso después en la poesía. Ese discurso que debiera ser la lengua de la verdad y el lugar de la disidencia, cae en los recipientes comunes de la mentira. Eso no es la poesía, me digo. Eso no es la poesía. La poesía no es un panfleto político (tantas veces lo fue); ni una pura, olvidadiza, y limpia dama de la corte (tantas veces lo sigue siendo). No es un lujo. La poesía es el acto descarnado de conocernos, con todo, sobre todo, y contra todo; y, para conocernos, no debemos dejar de mirar afuera. 

Pego aquí, una vez más, esta fotografía que ya es viral, la fotografía de Andrés Kudacki en la que Carmen Martínez Ayuso se sostiene con una mano al marco de la puerta; y con la otra a su bastón, con los ojos cerrados, y una luz en el rostro, y una sombra en lo demás, que podría ser sacada de un cuadro de La Tour. La pego para acordarme siempre de dónde está mi lugar en el mundo, y sobre todo, en qué mundo nace mi poesía.


martes, 8 de octubre de 2013

Muerte y resurrección del Premio Nacional de Traducción y del de Poesía Joven

Ayer se anunciaba la desaparición de los Premios Nacionales de Traducción y de Poesía Joven. Parece ser que hoy se aseguraba que serían convocados. Muchas veces me he preguntado hasta qué punto es lícita en una democracia la existencia de Premios Nacionales. ¿Acaso puede el estado decidir cuál es la mejor novela, el mejor fotógrafo o el mejor poemario...? No lo creo. Sin embargo, parece que su existencia ha servido para impulsar obras que son cruciales en los últimos años de la vida de este país. 

Pienso ahora mismo en los fotógrafos Chema Madoz y Cristina García Rodero; pienso en esa casa para los desheredados que es la de Juan Carlos Mestre; en Javier Marías que rechazó en Nacional de Narrativa. Pienso, especialmente, en los traductores que nos acercaron que nos acercaron la literatura extranjera a quienes no somos políglotas; y en mi paisana Laura Casielles, que ganó el Nacional de Poesía Joven en la primera convocatoria.

No queda muy claro si aún habrá premios o no. Puede que, como todo en este país sea un no después de un sí que antes fue un no que antes fue un sí. Así funcionan las cosas. Tal vez se quiera destacar solo a los caballeros que favorecen a quienes mandan. Tal vez sea hora de olvidar a los que luchan sin espada contra bestias enormes. Soledad extraña la suya, que ya va siendo costumbre.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Muerte de Oriol Maspons

Hace unos días falleció Oriol Maspons. Desde la pantalla, sus fotografías siguen llevándome a una España terrible que, a pesar de todo, no deja de poseer la luz de las miradas y las alegrías de la gente.







sábado, 13 de abril de 2013

Premio de la Crítica para Juan Carlos Mestre

Desde enero, La bicicleta del panadero descansa en mi mesita. Tiene un lugar en mi abigarrada habitación, llena de libros.  De vez en cuando lo cojo, sigo leyendo. Leo un poema, dos, tres, cuatro; sigo con otras lecturas y vuelvo a él al día siguiente, a los dos días, a la semana. No sé cuándo acabaré el libro, tal vez ya lo haya acabado.

De la capacidad metafórica, la construcción de imágenes y de los diferentes registros que puede experimentar la poesía de Juan Carlos Mestre mucho se ha dicho ya. Cuando descubrí su obra, el mayor impacto lo causaron esas imágenes que tanto decían, que hacían imaginar otros mundos, y a su vez quedarse en el mismo lugar en el que uno se encontraba para a la vez juzgarlo y a la vez elogiar su dignidad. Pero también se ha aludido a la memoria, y ella quería llegar.

Reivindico el lugar de la memoria en el poema como lo reivindica Mestre. La memoria es el tiempo en el que habitamos, la huella más profunda que nos recorre y marca lo que somos, una huella tantas veces desconocida e ignorada que nos impide salir adelante.

Si la poesía es un modo de conocer y conocerse y la conciencia es mirar fuera de la habitación y sacar los monstruos que hay dentro, y no hay otra forma de conocerse que viajando a la memoria, que Juan Carlos Mestre sea hoy Premio de la Crítica por La bicicleta del panadero, quiere decir que todavía algunos buscan que la poesía sea eso que tantas voces juntas luchan por decir y no pueden. Y eso nos alegra a los que tenemos metida la espina de la memoria tan dentro y buscamos, ante todo, la verdad y la voz.


 




Hoy 18 de julio martes setenta y cinco aniversario del golpe de
estado de Caín
En la televisión las locutoras hablan con tranquilidad de los
cometas que pasan rozando la Tierra cada diez mil años
Hacia esta misma hora en León ya ha sido detenido el alcalde
Miguel Castaño y los pantanos que aún no esperaban
lluvias del tiempo futuro han comenzado a llenarse de
sangre del tiempo pasado
Donde termina la provincia hay un castillo con su conde y hay
un pueblo dividido por dos ríos y no es necesaria ninguna
otra información geográfica
Son las tres de la tarde delante de su almacén de coloniales
el comerciante Emilio Silva observa dos criaturas que
juegan a descargarse oro en los ojos
Son la hija del sastre y el hijo del panadero
La miel entra en los caramelos y los muchachos comienzan a oír
la canción de las estrellas que al atardecer se atolondran
en la oscuridad
Ella dijo y él dijo y ambos se dijeron no hay ningún otro camino
que nos lleve al mar
Los ríos cambian e piel y las aguas regresan a la montaña
La única música es el canto de las abejas camino de los
colmenares
Las cosas que pasaban eran casi todas las cosas que pasan en
un pueblo que no aparece en las esferas del mundo
En la alameda los fumadores encienden sus cigarrillos para ser
vistos desde las estrellas
La Luna le da la mano al Sol y los antepasados siguen con
la conversación bajo los cerezos
Nadie supo imaginar algo así
Los árboles marchan sin dirección a tomar el desvío hacia
los paisajes del arrepentimiento
Los verdugos dejan de comer tocino, a las fuentes se les seca
la boca
Es septiembre y la tarde tiene el color de las uvas, será monja
o será fraile preguntan los dedos que abren el capullo de
las amapolas
El último día del verano fusilan al alcalde de Villafranca del
Bierzo, Antonio Gabelas y los pensamientos que ya no
existen dijeron: Será mejor que te calles
La última mirada se da la vuelta en la ventana de la casa de
enfrente
Las mujeres no están preparadas para la inquietud, los amantes
no están preparados para el remordimiento, los niños no
están preparados para la congoja
La voz se lava las manos, la decisión se lava las manos, los
caciques se lavan las manos
Ladran los perros de caza, se esconden los perros de caza , su
mirada se inclina como la cabeza de un enfermo
El que oíamos cantar se deja de sentir como dedos que se
duermen
Aquellos que no conocíamos salen de cualquier parte dispuestos
a permanecer para siempre
Y lo que sucede en un lugar comienza también a suceder en otro
como si se borrara un sueño
El sastre termina de hilvanar el traje eu su compadre ya no
podrá recoger
No se sabe ´donde lo han llevado y los días que ya no existen
volverán a decir: Será mejor que te calles
En abril del 41 Antonio Abella, vecino de Paradaseca, muere en
Mauthausen
Y José Mestre desparece el primero de febrero del 42 en el
campo de exterminio de Gusen
Psan los inviernos y los veranos que ya no existen seguirán
repitiendo: Será mejor que te calles
Sesenta y cuatro años después de la insurrección fascista el nieto
de Emilio Silva dueño del almacén de coloniales La
Preferida en Villafranca del Bierzo encontrará la fosa de su
abuelo en una cuneta a la entrada del pueblo de Priaranza
Según el evangelio de Natan Zach, cuando Dios dijo por
primera vez hágase la luz, quiso decir que no quería estar
a oscuras
La hija del sastre se inclina sobre la máquina, sus puntadas
recorren kilómetros y todo camino interminable se hace
más pequeño
La noche se llena de lámparas,, hablan con las hojas doradas
que aún tienen la cocina encendida
El pelirrojo acebo le dice al espino: Será mejor que te calles
Ella dijo y él dijo y ambos se dijeron barrio triste escaparates
donde las personas miraban el tiempo el cielo el viento
en línea recta de la carretera
El sol vino a acostarse en los retales, el humo volvió a entrar en
las chimeneas, la corriente eléctrica regresa a la oscuridad,
abre la puerta, salta en el mundo
Se entierran las palabras que esperaban a alguien, se desentierra
como niños vivos
Y se va el otoño y regresa la primavera y los cometas pasan
rozando la Tierra una vez cada diez mil años.

domingo, 7 de octubre de 2012

Los Beatles y la siempre España

Quizás venga con retraso esta entrada sobre la semana que pasó, pero la falta de tiempo me impidió subir al desván con calma.
Esta semana se cumplieron cincuenta años de los Beatles. También siguieron las protestas en España. Pensar en uno y pensar en lo otro me llevó a recordar un reportaje que publicó la revista Rolling Stone en 2005 sobre la visita de los Beatles a España en 1965.
El por qué de la relación del reportaje de los Beatles y las protestas en ciudades como Madrid es muy sencillo. Rinco Star afirmaba: "Es la primera vez que vi a la policía pegar a gente tan joven". Parece que, si volviese ahora a España, no sería baladí que afirmase lo mismo.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Belleza cruel




Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo de jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde, sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.
Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el mido al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asusta verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.
Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.
Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.
                                              
Ángela Figuera Aymerich




Leer por primera vez a Ángela Figuera Aymerich fue una revelación. Leerla y volver a preguntarse: ¿por qué la crítica? 

martes, 18 de septiembre de 2012

lunes, 16 de enero de 2012

Reflexiones sobre la muerte de un político

Hay cegueras más importantes que la ceguera física, ya lo venía diciendo Buero Vallejo allá por el cuarenta y tantos con En la ardiente oscuridad. Hoy falta quien lo diga y faltan los testigos, falta su condena y faltan los recuerdos. Unos se entierran con su gloria y sus víctimas aún se descomponen en algún monte perdido de España, al que nadie quiere regresar. Ni sabemos dónde vamos ni de dónde venimos. Ver pasar los años enterrando a unos y olvidando a otros es nuestra ceguera.

La vida de Fraga servía para no olvidar lo que ocurrió en España entre 1936 y 1975, para que los jóvenes, y los que no lo son tanto, no olvidasen lo herida de muerte que estuvo durante mucho tiempo. Hoy la Guerra Civil parece algo prehistórico, y nadie cree que desandar el camino andado sea posible en una España a la que aún no le han quitado los puntos de las viejas heridas.

Con el paso de los años y la muerte de los personajes de la historia ¿llegará el día en el que nos hagamos totalmente desconocedores de ella e ignoremos que pueda volver a repetirse, más aún de lo que somos ahora? Ante la desaparición de los que lo sufrieron y de los responsables de ello, ¿España elige la felicidad sobre la verdad? ¿La ceguera y el engaño sobre la inteligencia? El futuro (o el presente) lo dirán.

sábado, 29 de octubre de 2011

«Esto no lo he hecho yo, lo han hecho ustedes».


Después, pasado más tiempo, entre los lacónicos telegramas de la Francia acorralada por los nazis, nos llegó uno donde se nos decía que Picasso estaba fuera de París. Más tarde contaron que Otto Abetz, aquel embajador de Hitler que coleccionaba cuadros de la pintura contemporánea que Hitler desdeñaba, había ido un día a verlo a su taller. Silencio. Maestro, muéstreme usted sus mejores cosas. No sabemos qué murmuraría Picasso en su gracioso malagueño-catalán, pero dicen que enseñó algún dibujo o reproducción del Guernica. El embajador murmuró diplomáticamente: “¡Oh, maestro!, es lo mejor que ha hecho usted”. Y el gran español le contestó: “Esto no lo he hecho yo, lo han hecho ustedes”. La luminosa onda gris de repente se revolvía como las astas de un toro magnífico, defendiendo la verdad, la belleza, los hombres, los árboles de España, la luz, la esperanza.

Maria Teresa León, Memoria de la melancolía

viernes, 14 de octubre de 2011

Memoria de la melancolía

Nos traemos adentro una carga inquietante de gustos y de gestos ajenos que se nos van quedando enganchados. Y es que pasamos, pasamos constantemente sin detenernos entre cosas y gentes que nos cruzan y tampoco se detienen porque van de camino y seguimos andando y apenas nos dejan la manera de sonreír, la frase hecha, la superstición, la manía, el gesto de la mano… A veces así recogemos cosas tontas, basuras, cristales, agua o maravillas. Somos el producto de lo que los otros han irradiado de sí o perdido, pero creemos que somos nosotros. ¡Qué equivocados vamos hacia la muerte! Yo siento que me hice del roce de tanta gente: de la monjita, de la amiga de buen gusto, del tío abuelo casi emparedado, del chico de los pájaros, del beso, de la caricia, del insulto, del amigo que nos insinuó, del que nos empujó, del que nos advirtió, del que callado apretó los dientes y sentimos aún la mordedura… Todos, todos. Somos lo que nos han hecho lentamente, al correr tantos años. Cuando estamos definitivamente seguros de ser nosotros, nos morimos. ¡Qué lección de humildad!


Maria Teresa León, Memoria de la melancolía



(Maria Teresa León, otra heroína de la palabra y, a decir verdad, también del mundo. Su defensa de la mujer, de la cultura y de la libertad y su preocupación por el arte, merecen el mayor de los reconocimientos.
Memoria de la melancolía, además de ofrecer un testimonio muy importante de la vida de los exiliados españoles, está escrito con una belleza infinita. Es imposible sumergirse en él sin los pelos de punta.)

viernes, 19 de agosto de 2011

A setenta y cinco años de que te fueras...

Gracias, Federico García Lorca. Gracias porque, pasen los años que pasen de tu muerte, sigamos teniendo viva tu palabra. Porque más que poesía eres realidad y herida, pero también belleza y luz. Leyéndote no solo podemos sentir cómo la herida sangra, conocer esta realidad llena de dolor, como estuvo no hace mucho tiempo; sino que también podemos ver la belleza a pesar de la fealdad de los días, la consciencia de que el amor o la amistad puedan hacer que esta vida también albergue una gran cantidad de luz en su oscuridad.


No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

domingo, 17 de julio de 2011

Recordar, esa ardua tarea

Hace setenta y cinco años del día en que se rasgó a España por la mitad hiriéndola de muerte, aunque probablemente para cada persona hubo un comienzo distinto. A lo mejor para aquel hombre el principio de la guerra se produjo cuando vio cómo se llevaban a su padre, o para las niñas que jugaban tranquilamente en un prado cuando estalló una bomba justo delante suya, o para el agricultor cuando tuvo que cambiar el garabato por la metralleta. En España hubo en realidad muchas Guerras Civiles y todas muy distintas. Cada historia es una diferente y por desgracia, se conocen todavía muy pocas.

Falta testimonio oral, es necesario encontrar cada lágrima que se lloró por culpa de lo que pasó entre 1936 y 1939 en España. El pasado no debe olvidarse para que no se repita. La memoria es hoy y ha de ser reconstruida por el pasado y para el futuro, pero sobre todo para este tiempo en que vivimos. La memoria ha de ser siempre nuestra contemporánea. Recordar, paradójicamente, requiere un ingente esfuerzo presente.

Ahora España parece haber olvidado que ha sangrado y que parte de esa sangre aún se derrama a veces de las heridas de la Guerra Civil. Hay cicatrices que perduran para siempre pero ¿se acordará alguien dentro de unos cuantos años de lo que fue la Guerra Civil? Tal vez pocos, tal vez nadie. Por eso, para que nunca más ni en España ni en otro lugar las estrellas decidan correr tan rápido por el cielo como lo hicieron aquel dieciocho de julio y en los años que le siguieron, retengamos la memoria: no olvidemos el pasado para poder construir un futuro mejor.

lunes, 23 de mayo de 2011

La vida también es una sucesión de ausencias.



Naciste en 1914, un día de marzo, o eso decía tu DNI, porque por aquel entonces censar a los bebés no era una necesidad inmediata como ahora, que ha de hacerse en el momento (será esta maldita prisa por todo). Supongo que ese día llovería, como no es extraño en Asturias, y que no recibirías todos esos regalos que ahora te dan cuando naces. Dudo mucho que tuvieras una cuna bonita y que comieses esos potitos de Nestlé.
Siendo aún muy pequeño tuviste ese accidente en el brazo, que te lo dejó inmovilizado. Por aquel entonces, España estaba sumida en la Restauración: diciéndolo como de andar por casa, una España políticamente basada en el quítate tú que me pongo yo y viceversa.
Sin embargo, para cuando tú eras adolescente, ya había llegado la dictadura aquella, que no sería la última. Aunque por el medio, estaría la República. Y, desgraciadamente, la tremenda, mastodóntica y horrible guerra.
Antes de que comenzara esta última, tres de tus hermanos ya se habían tenido que ir rumbo a Buenos Aires: José, Antón y Juan realizarían viajes eternos. Os dejarían la sensación de haberlos mandado a una especie de Hades que, por otro lado, parecía guardar más esperanzas que la España de la época. De estos tres solo volverías a saber de José, los otros ya tenían vidas perpendiculares, desconocidas, para nada similares a la vuestra.
Tú te libraste de ir a aquel monstruo por tu brazo, ese que nunca querrías curar, aun teniendo la posibilidad, porque consiguió librarte de ir al frente. Pero, eso sí, la guerra la sufriste como nadie. Como tú mismo me contabas no hace ni tres meses, tendríais que abandonar vuestra casa. Nunca se me olvidará cómo me decías, abriendo tus grandes ojos como platos, que cuando os estabais yendo, ya estaban tirando tiros por La Camporra.
Allí, en Fontouria, aquel pueblo de la Ría Miranda al que os evacuaron, os recibieron muy bien; estabais con otros que, también tenían miedo, también se refugiaban. Vivisteis esa situación durante cuatro meses, tardaríais otros cuatro en volver a casa. Mientras tanto, viste morir a tu hermano en la guerra, también a tu cuñado; y tú, para solucionar un problema familiar y económico, tuviste que casarte con alguien a quien querías como amiga, pero no como esposa. Nadie te dio la oportunidad de elegir otra compañera de viaje. Tenías veintiséis años. Eras terco como una mula, pero de buen corazón, y por la familia siempre tiraste, por eso sentías cómo esas ausencias que se iban acumulando en su núcleo te rompían cada vez más por dentro.
Llegaría la segunda dictadura. Entonces solo teníais el apoyo diario del campo, la vida rural, algunas cartas del exilio.
Pasarían años sumidos en esos años de silencio, hasta llegar a los setenta. Cuando llegaría a vivir con vosotros tu nieta. Era una niña muy pequeña que en seguida tuvo que hacerse mayor también, y ser mártir de esas ausencias, de esas circunstancias. Y, sin embargo, lo dio todo por ayudaros, y fue de los más grandes apoyos. En otro pasar de los años, llegamos a los noventa, y a otra ausencia, esta vez tu hijo. El que todo lo sacrificaba por las labores del campo, por luchar por aquello que os había dado la vida. Ese hijo que la muerte, demostrando ser más certera que la vida, os arrebató tan joven.
Tú, a pesar de todo, ahí seguías. Cayeron muros, empezaron otras guerras. Luego creo que vine yo, pero que te voy a decir a ti, que ya lo habías visto todo, que ya eras la pura historiografía del siglo XX, y yo ni siquiera había visto la caída del comunismo, que estaba tan reciente.
Tú fuiste de lo primero que vi, y una de mis pocas compañías de los días de infancia. Ahora es el momento en el que los recuerdos irrumpen sobre las historias que otros me contaron. Y recuerdo… recuerdo tu mal carácter, pero también ese "esta neña sí que sabe organizase, no como vosotros, que vais a acabar con esta casa". Recuerdo ir a las ferias, y que me compraras cosas que eran más pa nenos, que pa nenas. Recuerdo verte cabruñando en el huerto ahí sentado, (hay tantas fotos de esto, afortunadamente…). Recuerdo cómo desayunabas jamón todos los días y lo rico que sabía el chocolate que me dabas una vez al mes, con mil pesetas, o con diez euros después. Recuerdo como fuiste caminando cada vez más lento pero nunca te paraste. No sé si era la fuerza de desayunar jamón durante tantos años todos los días o que, simplemente, eras duro Menéndez, eras muy duro. Vino un trombo, y otro, pero tú seguiste. Vino más tristeza (muchas veces mucha y muy grande), más necesidad de personas que no estaban, que estaban lejos, teníamos que apoyarnos unos en otros, pero tú aguantabas. De mi memoria tampoco se borrará ese “las familias son pa tar toos xuntos”.
Y, con mucha tristeza, recuerdo como en ese ya pasado verano de 2010, cómo tuve que anunciarte que había otra ausencia, esta vez la de tu hija. “Quedeme sin ninguno” me dijiste casi llorando, y tus palabras se me clavaron muy dentro, eran las palabras de alguien que había vivido mucho, que había sobrevivido tanto que había perdido a casi todos sus compañeros de viaje. “No, todavía quedamos algunos contigo”, te dije, pero, a decir verdad, una presencia ha de ser muy fuerte para llenar el espacio de una ausencia.
En el otoño te pusiste muy enfermo, y pensábamos que ya te ibas, que nos dejabas, pero no, conseguiste quedarte y me contaste tantas cosas que no sabía sobre esa terrible guerra que tú habías vivido. Y aún me quedaron tantas por preguntarte… Porque, viviste tanto, y…¡qué bien lo hiciste, Menéndez, qué bien lo hiciste!
Si hay una muestra, una huella de lo que fue esa Asturias ya casi inexistente, eres tú. El tiempo, el olor, incluso el color de esa época, podía conocerse solo con mirar tus arrugas, y qué fantástico era que, a pesar de todo, hubiese (casi) siempre una sonrisa.
La vida también es una sucesión de ausencias imborrables que vamos acumulando. Supongo que, para acabar, para decirte adiós de la única manera que yo sé, solo te puedo decir que gracias por hacerme ver que arrastrar esas ausencias es una de nuestras misiones mientras estamos aquí, y la mejor forma de hacerlo es siempre sonriendo, sin parar de recordar hasta que tus ojos se cierran para siempre.

Adiós, bulito, y no te olvides la esencia al partir.

jueves, 14 de abril de 2011

80 años

Hace hoy ochenta años nacía una niña bonita. Una niña bonita que con una varita mágica consiguió, en la medida que pudo, hacer que un país completamente destartalado por una dictadura (y una dictablanda) se abriera a un régimen de libertades como el que nunca había existido. Fue la primera (y última) vez que España estuvo entre los más innovadores. Una España que otorgó el voto a la mujer cuando pocos países lo habían hecho, que solucionó el analfabetismo de la población creando escuelas y, lo que es más importante, llevando el teatro y las artes a los pueblos más pequeños.

Hoy que la mayoría de los niños y no tan niños parecen ya no acordarse de lo que ocurrió. Más triste aún es que muchos ni siquiera sepan lo que pasó después: cómo una guerra civil mató a esa sociedad que tan difícil había sido sacar adelante, cómo hizo que España fuese un país enfermo de ignorancia, de la que aún sigue convaleciente.

A los que no vimos a esa niña bonita nos queda la idea de que una vez, España fue menos inculta, más igualitaria y, en definitiva, más libre.